Resumen del mensaje dado por el P. Héctor Pardo, el pasado 15 de Enero.
Lectura: 2S.14-18.
Pro.23:26 expresa la súplica de un padre: “Dame, hijo mío, tu corazón”; Mal.4:6 advierte que si no se volviere el corazón de los padres hacia los hijos y el corazón de los hijos hacia los padres, la tierra vivirá la destrucción total, estará bajo maldición.
En Gn.25:26 Esaú y Jacob se convierten en rivales a causa del favoritismo de sus padres. En los capítulos 14 a 18 de 2 de Samuel, Absalón se hace rebelde hasta planear la muerte de su padre porque cuando Absalón le informó a David el pecado de Amnón, se enfureció pero no hizo nada, ni siquiera volvió a hablarle a Amnón, y con ello no se solucionaba nada, quedaba faltando la corrección. Absalón empezó a tener amargura en su corazón hasta el punto de planear matar a su hermano. David que había sido suficientemente valiente para desafiar al gigante Goliat, no supo cómo enfrentar la situación en su hogar, Absalón pensaba “¿por qué mi padre no pondrá orden en la casa?”
David “castigó a Absalón” negándose a verle; tampoco ahí enfrentó a su hijo. La actitud de David con Absalón, fue la actitud normal de un rey con hacia un súbdito, pero Absalón no quería ver a David como al rey sino verlo como a su padre, y aquí encontramos un principio: Aunque padre e hijo sean amigos, el hijo siempre debe ver a su padre como tal. El rol principal de un hombre casado es ser esposo y padre sin importar su posición social. Esto presenta varias lecciones:
1) Los hijos son el más grande regalo que Dios nos da; son un don de Dios sin importar la condición en que nazcan. Sl.127:3-5 y Sl.128:3-6, los hijos son herencia del Señor.
2) Para levantar buenos hijos debemos ganarnos su corazón y conservar su corazón con nosotros.
Pro.22:6 habla de instruir, y es la misma palabra que se usa para “pagar el precio”, consagrar y dedicar, así como Salomón pagó el precio para dedicar el templo al Señor en 1R.8:63. Se necesita pagar el precio, dedicarles tiempo, dialogar, brindarles afecto y corrección. David no supo educar a sus hijos: 1R.1:6 dice que David nunca le pidió cuentas a su hijo Adonías, de lo que hacía, fue un padre complaciente. “La rebelión se origina en el corazón y el corazón de cada problema es un problema en el corazón”, David ignoró que ningún éxito en la vida puede compensar el fracaso en el hogar.
El orden de Dios es: Primero los padres vuelven el corazón hacia sus hijos y luego los hijos vuelven el corazón hacia sus padres. Hay cuatro elementos que siempre deben estar presentes en la relación padres – hijos: El amor, el gozo, la aceptación y la alabanza. Así se crea la atmósfera propicia para “volver el corazón” de la profecía en Malaquías 4:6.
Recuerda que el padre en el hogar debe ser Profeta que habla en el nombre de Dios a sus hijos, sacerdote que le hable a Dios de sus hijos y es el modelo, el ejemplo para sus seres queridos.
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